Xuan Fengying no lo pensó dos veces.
Hace 17 años, un camión atropelló a su nuera Xu en un pueblo del condado de Qingyun, en la provincia china de Shandong. Había pasado solo un mes desde su boda. Xu quedó en estado vegetativo, y Xuan, hoy de 68 años, decidió que sería ella quien se haría cargo.

Su rutina era agotadora. Le daba comida líquida cucharada a cucharada, y cada comida duraba una hora. La giraba más de diez veces al día para evitar las úlceras por presión, la aseaba, le hacía masajes en los músculos y le ponía sus canciones favoritas. Le contaba las novedades de la familia y repetía su nombre una y otra vez, por si alguna vez respondía.

Hace unos años respondió. Xu salió del estado vegetativo, y Xuan la ayudó a aprender a caminar y a hacer sus ejercicios de rehabilitación. Hoy dice algunas palabras y cocina comidas sencillas, aunque el daño cerebral le dejó las capacidades de una niña de 4 años. En un video, mira a su suegra y le dice: «Mamá, qué bien».

«Se casó con mi hijo, así que también es mi hija. ¿Cómo podría abandonarla?», habría dicho Xuan. Según medios locales, lo que más la tranquiliza es que Xu ya sepa cocinar: así tendrá qué comer el día en que ella no esté.
