Su obsesión por tener una sonrisa de ricos terminó costándoles la nariz: la pertubadora razón por que la clase alta victoriana quedó desfigurada

Por Pablo Román
5 October, 2026

Durante los siglos XVIII y XIX, tener dinero también podía significar tener los dientes destruidos. El azúcar había sido durante mucho tiempo un producto costoso y las clases acomodadas podían consumirlo en cantidades que estaban fuera del alcance de buena parte de la población.

El resultado fue paradójico: los ricos sufrían graves caries mientras muchas personas pobres conservaban dientes más sanos. Estudios históricos han relacionado el aumento del consumo de azúcar en Gran Bretaña con un fuerte crecimiento de los problemas dentales.

Y algunos encontraron una solución que hoy resulta escalofriante: comprar dientes humanos.

Personas de bajos recursos podían vender piezas sanas, que eran extraídas para intentar colocarlas en la boca de clientes adinerados. También se utilizaron dientes procedentes de cadáveres.

Pero aquella rudimentaria odontología tenía riesgos enormes. La fuente describe que algunos dientes podían proceder de personas con sífilis, en una época sin los controles sanitarios actuales.

Y aquí aparece la parte más perturbadora.

La sífilis avanzada podía provocar lesiones capaces de destruir tejidos, cartílagos y huesos de la nariz, hasta ocasionar su colapso y una severa deformación facial. La pérdida de la estructura nasal asociada a la enfermedad está ampliamente documentada en textos médicos históricos.

Algunos afectados incluso recurrían a narices artificiales para ocultar la desfiguración.

Así, una cadena que podía comenzar con algo tan aparentemente inocente como el gusto por el azúcar y una sonrisa asociada al estatus terminó convirtiéndose en uno de los capítulos más extraños de la historia de la odontología: ricos comprando los dientes de los pobres y enfrentándose a consecuencias que podían quedar marcadas para siempre en sus rostros.

Puede interesarte