Lina Paola Vásquez tiene 37 años y una infancia que todavía le pesa. Su madre, Yolanda, tenía apenas 18 cuando quedó embarazada, y Jesús María Carranza, ya casado y con otro hijo, desapareció en cuanto lo supo.

Nunca la reconoció. Nunca respondió por ella. “Nunca me dio ni para un dulce”, dice Lina, y esa frase resume tres décadas de ausencia.

Una prueba de ADN confirmó lo que la familia ya sabía. Pero el destino le tenía preparado un giro que nadie vio venir: en 2022, ya adulta y con salario propio, Lina empezó a pagarle una pensión alimentaria a él. Carranza, hoy pensionado, la demandó y logró que un juzgado le fijara una cuota mensual que ella paga desde entonces, equivalente al 20% de su sueldo.

Lina no se quedó callada. Interpuso una tutela pidiendo que revisen el caso, y el Tribunal Superior de Bogotá aceptó estudiarlo. Mientras tanto, ella sigue cargando con una historia que empezó con un abandono y que, contra toda lógica, todavía no termina.
Entrevista y testimonio:
