Lorenzo Monfardini tenía 22 años cuando subió al escenario con un cilindro de gas entre los brazos.

No era un accesorio ni una broma de graduación. Era el resumen exacto de la vida de su padre, Jefferson Gomes Monfardini, de 49 años, quien durante más de veinte años vendió gas para que su hijo pudiera terminar ingeniería de producción en la Universidad Federal de Ouro Preto. La idea nació de su madre, pero fue Lorenzo quien decidió cargarla literalmente, frente a todos, el 29 de noviembre de 2024.

En su piel lleva tatuada una frase que su padre repetía sin parar: “Tenho que ser e não ter”. Padre e hijo llevaban casi un año sin verse —él vive en Pernambuco, Lorenzo en Ouro Preto— y ese reencuentro, con un cilindro de gas de por medio, se convirtió en la imagen que millones de personas necesitaban ver esa semana.

