Bethany Goralski estaba lista para donarle un riñón a su papá.
Mark llevaba años peleando contra la enfermedad de Crohn y la insuficiencia renal, y necesitaba un segundo trasplante. Pero cuando su hija por fin pudo donar, los médicos dijeron que ya no estaba lo bastante sano para recibirlo. Murió en 2018, y Bethany y su hermana Hannah, de Illinois, se quedaron con el vacío y con un órgano que ya no tenía a quién salvar.

Un mes después, Hannah llamó al Northwestern Memorial Hospital. En marzo de 2019, las dos hermanas entraron a cirugía con solo 24 horas de diferencia, cada una para donar un riñón a alguien que nunca había visto. Lo hicieron con una esperanza sencilla: que otras dos familias se ahorraran parte del dolor que ellas ya conocían.

Hannah lo explicó así, su papá siempre estaba dando y ayudando a los demás, y donar era una forma de honrarlo. Dos hermanas, dos desconocidos y la generosidad de un padre que sigue repartiéndose.

