Patty Sanchez alguna vez soñó con ser la mujer más pesada del mundo.

En Reno, Nevada, esta madre de cuatro hijos y abuela de cinco llegó a comer 13.000 calorías al día. Su novio, con quien estuvo unos diez años, le servía cada comida y disfrutaba viéndola comer. Llegó a subir unos 6 kilos al mes y a pesar 327 kilos. “Me sentía sexy y estaba feliz de complacerlo”, recuerda. Pero llegó un punto en que no podía caminar tres pasos hasta el baño sin quedarse sin aire, y volver a la cama le tomaba 20 minutos.

El quiebre llegó cuando él empezó a pedirle a un grupo de fans que pagaran para alimentarla mientras estaba de viaje. “Ya no era algo personal”, dice. Se separaron y Patty tuvo que valerse sola: aprendió a cocinar y eligió ella misma qué comer. Hoy, a los 51 años, pesa 216 kilos, o sea 107 menos, y come unas 3.000 calorías diarias entre ensaladas, pollo y salteados, con la ayuda de sus hijos Scott y Logan. Ya puede caminar, bañarse y pintarse las uñas de los pies, algo que no alcanzaba desde hacía años.

“No me arrepiento de nada”, dice. “Recapacité y salvé mi vida”.

