Su pequeño grano creció durante 16 años hasta convertirse en un tumor del tamaño de una sandía: así cambió su rostro tras extirparlo

Por Carlos Valencia
7 October, 2026

Tim Retter tenía 46 años cuando notó un granito junto a la oreja. Era 2007.

Intentó apretarlo, sin éxito. En vez de desaparecer, creció hasta el tamaño de un guisante y una mañana despertó con una bola del tamaño de una pelota pequeña. Buscó en internet, concluyó que era un quiste sebáceo y siguió con su vida de mecánico en Scottsdale, Arizona.

El bulto no se detuvo. Pasó de pelota de raqueta a pelota de tenis y terminó siendo una masa del tamaño de una sandía, de unos 2,2 kg, que le colgaba de la mandíbula. Le provocaba dolores de cabeza a diario y, según contó, a veces sentía que algo le “desgarraba” la cara. Solo podía comer de pie para que el tumor no chocara con la mesa, vestirse implicaba estirar la ropa por encima de la masa y dormir era un ejercicio de equilibrio para que no le aplastara el cuello. Un amigo lo apodó “Pequeño Timmy”.

No podía operarse: no tenía seguro médico ni ahorros. Hasta que el cirujano de cabeza y cuello Ryan Osborne lo contactó. Sospechaba que el origen era la glándula parótida, la que produce saliva, y que el tamaño era excepcional: lo normal, dijo, es el de una nuez.

La cirugía duró casi cinco horas y los médicos lograron evitar los nervios faciales. Tim despertó pudiendo sonreír, y el análisis confirmó que el tumor era benigno, un adenoma pleomorfo.

Siete semanas después, se afeitó por primera vez en dos décadas.

Puede interesarte