Suecia importa basura para mantener sus plantas de energía en marcha. El país convierte residuos en electricidad y calefacción mediante instalaciones que incineran desechos de forma controlada, pero no produce suficiente basura propia para abastecerlas.

Menos del 1% de los residuos domésticos suecos termina en vertederos. Para cubrir la diferencia, importa millones de toneladas de desechos de otros países europeos y paga por recibirlos.

Así, basura que en otros lugares podría acabar enterrada se transforma en energía para cientos de miles de hogares suecos. Parte de la calefacción de esos hogares depende de residuos que cruzaron una frontera.