Calle Hack tenía apenas 15 años cuando empezaron los dolores.

Cada mes era lo mismo: cólicos tan fuertes que vomitaba, se desmayaba y no podía sostenerse en pie. Fue a médico tras médico y todos le dijeron lo mismo: que era normal, que exageraba, que quizás era estrés. Su propia madre le explicó que el dolor menstrual venía de familia, así que Calle aprendió a dudar de su propio cuerpo durante 17 años.

Todo cambió en noviembre de 2017, cuando un ultrasonido interno encontró un teratoma ovárico del tamaño de una naranja en su ovario derecho.
La médica le explicó, con cuidado, lo que tenía dentro: huesos, cartílago, cabello, células grasas y dientes. Un tejido que se forma desde antes de nacer y que, en su caso, nunca se disolvió. Calle lo bautizó a su manera: su pequeño monstruo.

En enero de 2018 la operaron. Le quitaron el quiste, salvaron su ovario y, con él, la posibilidad de ser madre algún día. El dolor que la acompañó media vida desapareció con la cirugía.

