Josimar José Évora Dias tiene 40 años y jugó su primer Mundial recién en 2026. Todos lo conocen como Vozinha. Pocos saben que ese nombre nació de una cargada de niños en un campo de tierra.
En Mindelo, Cabo Verde, no había pasto ni botines. Había polvo y pies descalzos. Ahí, entre amigos del barrio, un chico chico de estatura no dejaba que nadie le hiciera un gol.

Sus compañeros se enojaban. Le pegaban. Y él, en vez de devolver el golpe, corría a los brazos de quien lo criaba. Cuando volvían a jugar, sus amigos ya tenían el insulto listo: cobarde, corre con la abuela. En Cabo Verde los apodos que molestan se quedan para siempre. Ese se quedó cuarenta años.
Ni ellos, jugando descalzos en el barro, imaginaban lo que estaban empezando. Ese apodo de burla terminaría escrito en la espalda de un capitán, en las tribunas de un Mundial, en la boca de todo un país.

Vozinha atajó siete veces ante España. Empató con Uruguay. Cayó ante Argentina en el alargue, después de hacer historia. Su madre casi no llegó a verlo por un problema de visa. Sus amigos de infancia, en cambio, nunca se fueron: están en las fotos, en el barro, en el origen.
Hay apodos que nacen para lastimar. Este nació para quedarse en la gloria.
