Podían llenar una catedral. Tenían el dinero, la fama y los contactos para convertir su boda en el evento del año.

En cambio, Cristiano Ronaldo y Georgina Rodríguez eligieron lo contrario: silencio, pocos testigos y ninguna alfombra roja. Primero firmaron el compromiso civil en su propia casa de Cascais, Portugal, ante solo cuatro testigos. Después se trasladaron a la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores para recibir la bendición religiosa, y ahí no dejaron pasar a nadie más que a sus 5 hijos.

Castillos, casas, islas, caballos, coches: todo eso lo tenemos al alcance de la mano cada día. Pero algo íntimo… eso es más inusual”, confesaron a la revista Vogue Estados Unidos, la única que tuvo acceso a las imágenes de ese día. Al final, lo más difícil de conseguir para ellos no fue el lujo, sino la privacidad. 🤍
