El miércoles 7 de octubre, Susan Dell entró al Despacho Oval junto a su esposo, Michael Dell, con una noticia enorme: 6.250 millones de dólares para abrir cuentas de inversión a niños estadounidenses.

Pero el anuncio quedó en segundo plano. Los videos de la filántropa de 62 años empezaron a circular en redes y los comentarios se fueron directo a su rostro, sus expresiones y las diferencias con fotos antiguas. Hubo especulaciones sobre retoques estéticos, que ella no ha confirmado.

Cuando todavía se hablaba de ella, apareció el retrato oficial de Barbera Thornhill, de 78 años, nueva embajadora contra la trata de personas. Millones de visualizaciones, y algunos usuarios hasta preguntaron si la foto era de inteligencia artificial.

Después se sumó Kelly Loeffler, exsenadora y hoy directora de la Administración de Pequeñas Empresas, con un video caminando por un pasillo.

Las tres terminaron bajo las críticas por sus rostros, sin que ella demuestren o confirmen que se hayan realizado retoques estéticos. ¿Es el costo de ser figura pública o un trato que casi nunca reciben los hombres en esos mismos cargos? ¿O abuso de cirugías estéticas?

