Susan salió a caminar en la Nochebuena de 1992.

Iba a un supermercado cerca de su casa en Clarksville, Tennessee. Nunca volvió. Durante 29 años nadie supo qué le había pasado: sus restos fueron hallados sin nombre y quedaron registrados solo como “Ina Jane Doe”, un caso archivado en Illinois que parecía condenado al olvido.

Todo cambió cuando la doctora Amy Michael, de la Universidad de New Hampshire, decidió reabrir el expediente con tecnología que en 1992 no existía. Un laboratorio en California generó un perfil de ADN, y el equipo de Redgrave Research se dedicó a rastrear árboles genealógicos hasta dar con la familia correcta.

En marzo de 2022, la Oficina del Sheriff del Condado de Jefferson confirmó lo que la ciencia había encontrado: esos restos eran los de Susan Lund. Casi tres décadas después, alguien pudo por fin decir su nombre completo y despedirla como se merecía. 🕯️

