Tania tenía apenas unos años cuando la vida le quitó a sus padres y, con ellos, a su hermana.

A Glynis y a ella las separaron muy niñas y cada una creció en un hogar distinto, en países distintos, con la ausencia de la otra como una costumbre triste. Tania se hizo maestra y terminó viviendo en Umm Al Quwain, Emiratos Árabes Unidos. Glynis se casó, enviudó y se instaló en Vancouver, Canadá. Entre ellas quedaron 33 años de fotos que no se vieron crecer y de cumpleaños celebrados a la distancia.

El 7 de agosto decidieron terminar con esa distancia. Tania voló desde Dubái y Glynis desde Vancouver, y las dos se encontraron fuera del aeropuerto Toronto Pearson. Una amiga de Glynis grabó el momento exacto en que se reconocieron: el abrazo, las lágrimas y la mano de Glynis buscando el rostro de su hermana, como para comprobar que después de tanto tiempo era real. Después caminaron juntas hasta una cafetería cercana, a recuperar en una tarde las tres décadas que el destino les había robado.

