Alejandro Núñez Vicente mide 1,88 metros y pasó años de vuelos incómodos sin poder estirar las piernas. Su solución, a los 23 años, fue rediseñar el asiento de avión como una litera de dos pisos: una fila de pasajeros acostados arriba, con una viga que marca cuánto techo les queda encima, y otra fila abajo, tan cerca de las rodillas del vecino que hasta él mismo admite que puede sentirse claustrofóbico.

El prototipo usa asientos reciclados de 1995, tiene una escalera reforzada para subir al nivel superior y guarda el equipaje bajo el asiento delantero. En la Aircraft Interiors Expo de Hamburgo lo probaron ejecutivos de aerolíneas y hasta curiosos que viajaron solo para acostarse en él. Núñez Vicente asegura que no busca amontonar más gente en el avión, aunque reconoce que varias aerolíneas ya le insisten en aumentar la capacidad con este diseño.

Su padre condujo 2.200 kilómetros con el prototipo desde Madrid hasta Alemania para que llegara a la feria. Todavía falta certificación y no hay garantía de que alguna aerolínea lo instale, pero él ya imagina el día en que la gente le agradezca haber roto con la clase económica de siempre.

