Penélope Cruz llegó a Los Ángeles con un boleto de ida y vuelta, sin conocer a nadie. Solo tenía un contrato para una película de dos meses y el número de teléfono de una compatriota mexicana que jamás había visto en persona: Salma Hayek.

Salma la fue a buscar al aeropuerto. Le dijo algo que Penélope repite hasta hoy: “No vas a irte a un hotel, te vienes a mi casa. Esto es duro al inicio y te vas a sentir muy sola”.

Cruz aceptó, y esa primera noche el miedo fue tanto que terminó durmiendo en el cuarto de Salma, tomándola de la mano.

De ese aeropuerto nacieron treinta años de hermandad.

Hoy Salma dice que nadie la entiende mejor que Penélope, porque las dos caminaron el mismo camino en Hollywood, se cruzaron en el mismo sueño y, aun compitiendo por los mismos papeles, jamás soltaron la mano que se dieron esa primera noche 🤍

