Zosia, como la bautizaron los habitantes de Pień, murió en el norte de Polonia hacia mediados del siglo XVII, cuando tenía entre 17 y 19 años. Su nombre real se perdió, pero su tumba (la número 75 del cementerio) se descubrió en 2022 con dos objetos que nadie esperaba encontrar: una hoz de hierro curva sobre el cuello, con la hoja apuntando a la garganta, y un candado triangular sujeto al dedo gordo del pie izquierdo.

Según los investigadores de la Universidad Nicolás Copérnico, de Toruń, alguien reabrió la tumba antes de que el cuerpo se descompusiera del todo, y la hoz parece haberse colocado en esa segunda intervención. Nada indica que intentaran decapitarla: la cabeza y la columna estaban intactas. Llevaba además un gorro de seda, un lujo en aquella época, lo que apunta a una posición social alta.

Los especialistas lo interpretan como una medida contra una posible vuelta de entre los muertos, aunque no hay prueba de lo que pensaba su comunidad. ¿Por qué temieron tanto a una joven con ropa cara? Cuatro siglos después, la pregunta sigue abierta.

