“Ha ido hasta con fiebre y vomitando a entrenar”: Patricia no tenía dinero para nada más que el gas y el peaje.

Así que preparaba un mate, subía a su hijo al Renault 12 del padre y arrancaban: 450 kilómetros ida y vuelta entre 25 de Mayo y Buenos Aires, Argentina, solo para que Valentín no perdiera su lugar en la pensión de Boca.

Tres años hicieron ese recorrido. Hubo días sin fiebre, sin ganas, sin fuerzas y Valentín igual entrenaba, hasta vomitando. “Si ma, vamos!”, le decía a su madre cada vez que ella dudaba si alcanzaba el dinero para el viaje.

Valentín Barco jugó su primer partido en una Copa del Mundo, entrando ante Jordania. Detrás de esos minutos hay miles de kilómetros, un auto viejo y una madre que nunca dejó de decir “vamos”.

