Jennifer Lawrence tiene 36 años y una regla muy clara para su rostro.
En una entrevista con Vogue publicada el 3 de septiembre de 2026, la actriz explicó por qué no sigue la corriente de retoques cada vez más agresivos que domina Hollywood: “Necesito tener movimiento en mi cara, me hago baby Botox, pero no puedo hacer mucho”.


Esa dosis mínima de toxina botulínica, explicó, le permite verse fresca sin perder los gestos que la hacen reconocible en pantalla.
Pero hay un procedimiento que sí le tienta y que evita por una razón muy concreta: la extracción de grasa bucal, esa técnica que afina el contorno de la mandíbula. Jennifer confesó que le encantaría probarla, pero como es famosa, todo el mundo lo notaría de inmediato.


También reconoció que las transferencias de grasa la ponen nerviosa, así que prefiere mirar cómo les queda a otras personas antes de animarse. Su verdadero enemigo, dijo entre risas, no es el bisturí: es la manicura, a la que compara con ir al dentista de las manos.

