Tenía 20 años, un club, compañeras y un futuro. Pero no pudo llegar al otro lado

Por Juan Pablo González
3 August, 2026

Se llamaba Faten Ben Amar El Azizi.

Repitámoslo, porque en las próximas horas el mundo hablará de “una migrante” y no de ella: Faten Ben Amar El Azizi, 20 años, futbolista del Moghreb Atlético de Tánger.

Antes vistió la camiseta del Moghreb de Tetuán, donde ya había dejado huella pese a su corta edad. Era, en palabras de sus propios colegas, una de las promesas del fútbol femenino marroquí. Tenía entrenamientos, tenía vestuario, tenía compañeras que la esperaban el lunes.

Murió intentando cruzar a Ceuta.

Eso es todo lo que sabemos. Y ahí está lo que duele: eso es todo lo que sabremos. No hay minuto de silencio en un estadio lleno, ni portada, ni titulares en las grandes cadenas. Una futbolista muere y el mundo apenas parpadea, porque murió del lado equivocado del mapa.

La Asociación Marroquí de Jugadores Profesionales elogió “su gran ética y su elevado espíritu deportivo”. Su club quedó de luto. En Tánger, unas cuantas jóvenes con botines gastados entendieron algo que ninguna quisiera entender: que el talento no siempre alcanza, y que a veces el rival no está en la cancha, sino en una valla.

Preguntémonos lo incómodo. ¿Cuántas Faten hay ahora mismo entrenando en un campo polvoriento, soñando con algo que les queda a unos pocos kilómetros y a un mundo de distancia? ¿Cuántas historias como esta pasan sin que nadie las cuente?

No sabemos qué la empujó. No nos corresponde suponerlo. Pero sí sabemos qué perdimos: a una jugadora joven, querida en su club, con la vida por delante.

Que al menos aquí, en este rincón de internet, su nombre se lea completo.

Faten Ben Amar El Azizi. Futbolista. Descansa en paz. 🖤

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