Joan MacDonald tenía 70 años, los tobillos hinchados y una rodilla que todavía no terminaba de sanar. Subía escaleras descansando en cada peldaño.
Su médico ya hablaba de subirle la dosis para la presión, y en la lista de pastillas diarias también estaban el colesterol y el reflujo.

Su hija Michelle, entrenadora personal, la ingresó en un grupo de mujeres y la convenció de intentarlo antes de que fuera tarde. Joan compró una báscula de cocina, renovó su membresía del gimnasio y en su primera sesión terminó jadeando.


Diez meses después ya había dejado la presión y el reflujo. Con el tiempo, abandonó todos los medicamentos.

Hoy, a los 80 años, hace peso muerto, dominadas y saltos pliométricos en una etapa física que muchos veinteañeros envidiarían. Perdió cerca de 38 kilos con cinco hábitos simples: moverse todos los días, comer sin picotear, hidratarse y masticar despacio. Más de 2 millones de personas siguen hoy su historia en Instagram.
