TENÍA DOS MESES CUANDO SU PADRE QUISO BORRARLE EL ROSTRO. DÉCADAS DESPUÉS, ANMOL RODRÍGUEZ CONVIRTIÓ EL ROSTRO QUE MUCHOS RECHAZABAN EN UNA PODEROSA IMAGEN DE DIGNIDAD, BELLEZA Y RESISTENCIA

Por Alexander López
2 September, 2026

Anmol Rodriguez tenía dos meses cuando su padre le arrojó una sustancia corrosiva mientras su madre la amamantaba.

Su madre murió por las heridas. Anmol sobrevivió, pero perdió la visión de un ojo y quedó con cicatrices que le exigirían años de cirugías.

Pasó los primeros cinco años de su vida en un hospital de Bombay. Ningún familiar volvió a buscarla.

Luego llegó a un hogar de acogida, Shree Manav Seva Sangh. Allí, por primera vez, nadie la miró solo por su rostro.

La universidad fue distinto. Las miradas, los murmullos, el rechazo. Terminaba las clases y se iba directo a casa, mientras otros vivían la vida social que ella también quería.

Abandonó los estudios por un tiempo. Una tutora la ayudó a volver, sin lástima y sin miedo.

Se graduó, consiguió trabajo como desarrolladora de software. Meses después la apartaron del puesto: sus propios compañeros se sentían incómodos con su cara.

Entonces hizo lo contrario a esconderse.

Empezó a publicar sus fotos. Miles de personas respondieron reconociendo su seguridad. Diseñadores y marcas la buscaron. Desfiló, actuó junto a Shabana Azmi en el cortometraje Aunty Ji, habló en un TEDx.

En 2017 fundó la Sahas Foundation, para acompañar a otras sobrevivientes de ataques con ácido.

La sustancia que le desfiguró el rostro no logró borrar quién era.

Solo la obligó a demostrarlo dos veces. 🕊️

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