Times Square se llenó de banderas albicelestes, cánticos y abrazos entre desconocidos. Por unas horas, ese cruce neoyorquino se sintió como una cancha argentina trasplantada al corazón de Manhattan.

Pero cuando la música paró y la gente se dispersó, las cámaras captaron otra escena. Vasos, papeles, botellas y banderas tiradas cubrían el pavimento de uno de los puntos turísticos más fotografiados del mundo. Los videos que circularon después de la fiesta mostraron a los equipos de limpieza trabajando contra el reloj para devolverle el orden a la plaza.
La contradicción quedó servida: el mismo lugar que unas horas antes había sido escenario de alegría colectiva, ahora era ejemplo de lo que pasa cuando la fiesta se termina y nadie se queda a recoger lo que dejó.
