No es el mismo caso de Britney Spears, pero resulta difícil no encontrar ciertas similitudes.
Tini Stoessel comenzó su carrera siendo adolescente y, durante años, fue su padre, Alejandro Stoessel, quien estuvo detrás de la administración de sus negocios.
Todo cambió cuando la cantante intentó comprarse una cartera de lujo y descubrió que tenía límites para disponer de su propio dinero. Aquello la llevó a pedir una auditoría y lo que encontró habría provocado el quiebre profesional con su padre: Tini no figuraba como dueña ni accionista de las sociedades que recibían los ingresos generados por su música, imagen, contratos y espectáculos.
Según los antecedentes publicados, estas sociedades estaban bajo el control de Alejandro Stoessel. Incluso se reportó que de los cerca de US$43 millones que habría generado FUTTTURA, la cantante habría recibido unos US$300.000.
Ahora Tini estaría buscando recuperar el control económico de su carrera. Después de 15 años siendo la persona detrás de uno de los nombres más rentables de la música argentina, descubrió que ser “Tini” no necesariamente significaba ser dueña de todo lo que Tini generaba.
