Un fiordo helado, un oso polar dormido en tierra y alguien que decidió tocar la bocina del barco solo para ver qué pasaba.
El animal se asustó y huyó del lugar. Otros pasajeros a bordo no se quedaron callados: denunciaron el hecho ante el gobernador de Svalbard, Lars Fause, quien confirmó la sanción el 13 de agosto de 2026. La multa: 50.000 coronas noruegas, unos 5.255 dólares, por violar una ley que prohíbe perturbar a los osos polares, protegidos en ese territorio ártico desde 1972.

Para unos, la cifra es excesiva por algo que duró segundos. Para otros, es el precio justo de meterse con una especie en peligro en medio del Ártico. ¿Tú de qué lado estás?
