Sí. Es verdad. Ahí tienen el dato para el que lo esperaba.
Cero remates en su última final. Un número frío para cerrar una carrera calentita de gloria. Los que nunca lo quisieron ya tienen su titular.

Pero déjenme agregar otros números a la conversación.
Ocho Balones de Oro. Un Mundial. Una Copa América. Más goles y más partidos que nadie con Argentina. Veinte años cargando a un país sobre la espalda. Una final de Qatar que quedó grabada en la historia del deporte para siempre.

Un mal partido no borra una vida perfecta. La estatua no se construye con la última función, sino con la obra completa. Y la de Messi es, sin discusión, una de las más grandes que dio el fútbol.
Hoy no tuvo su noche. Está permitido. Hasta los dioses descansan.
Se despide el más grande. Con cero tiros al arco en la final, sí. Y con la eternidad asegurada.
Gracias por todo, Leo.
