Tayla Clement tenía 11 años cuando los médicos le sacaron tejido de la pierna para fabricarle una sonrisa en la cara.

No funcionó, y el acoso empeoró. Esta neozelandesa de 28 años nació con síndrome de Moebius, una afección neurológica tan rara que paraliza el rostro y le impide mover las cejas y el labio superior. En el colegio la insultaban y la golpeaban por no poder sonreír. A los 18, la depresión clínica y el estrés postraumático le provocaban hasta nueve convulsiones al día, y los médicos dudaban de que algún día pudiera vivir sola.

Pero años de terapia intensiva cambiaron el rumbo. Hoy vive con su pareja, tiene un cachorro y acaban de comprar su casa. Empezó a publicar en Instagram solo para contarles a sus seres queridos cómo iba su recuperación, y de 200 seguidores pasó a decenas de miles.

Días atrás leyó, con lágrimas en los ojos, el mensaje de una madre cuyo hijo nació hace apenas dos meses con el mismo síndrome. Se sentía sola y sin guía, hasta que encontró su página. “Recibir mensajes así hace que todo valga la pena”, dijo Tayla, casi sin palabras.
