El hombre que podía improvisar cualquier escena llegó a sufrir un ataque de pánico porque ya no conseguía recordar sus propios diálogos. Y ni siquiera él entendía qué le estaba pasando.
Durante el rodaje de Una noche en el museo 3, Robin Williams llamó desesperado a su esposa, Susan Schneider. Sus problemas de memoria empeoraban y comenzaron a aparecer otros síntomas: ansiedad, insomnio, paranoia, temblores y momentos de profunda confusión.

En mayo de 2014, los médicos le diagnosticaron Parkinson. Sin embargo, seguía experimentando síntomas que no lograban explicar por completo. Apenas unos meses después, el 11 de agosto, el actor murió a los 63 años.
Entonces llegó una revelación que cambió la manera de entender sus últimos meses.
La autopsia realizada ese mismo año reveló que Robin padecía demencia con cuerpos de Lewy, una enfermedad neurodegenerativa que provoca alteraciones en el pensamiento, el comportamiento, el sueño y el movimiento.
Su esposa contó que, cuando los especialistas le explicaron los resultados, finalmente encontró respuestas a muchas de las cosas que habían vivido. La depresión no era el único problema que enfrentaba y, según relató, su cerebro estaba gravemente afectado por la enfermedad.
En 2016, Susan publicó un testimonio en la revista médica Neurology, al que tituló El terrorista dentro del cerebro de mi esposo. Su intención era ayudar a médicos y familias a comprender mejor esta enfermedad.
Robin murió sin conocer el alcance de lo que ocurría en su cerebro. Su esposa decidió contar su historia para que otras personas y sus familias pudieran encontrar las respuestas que ellos buscaron hasta el final.
