Mandy Teefey tenía 16 años cuando supo que estaba embarazada. Ricardo Gomez, el padre, tampoco había terminado la adolescencia. Se conocieron en la escuela, en Grand Prairie, Texas, y ahí mismo, entre pupitres y miradas ajenas, empezó una historia que nadie les auguraba fácil.

El 22 de julio de 1992 nació Selena. No hubo fiesta de graduación ni universidad esperando. Hubo una madre niña con una hija recién nacida en brazos y un pueblo entero dispuesto a opinar sobre su vida.
“Fui juzgada por todos”, contó Mandy años después, en 2017, cuando ya podía mirar atrás sin que la voz le temblara.

El matrimonio con Ricardo no resistió. Se divorciaron en 1997, cuando Selena tenía cinco años. Mandy se quedó con la crianza y encadenó trabajos, hasta comerciales y obras de teatro locales, para que no faltara nada en la casa.
No faltó nada, aunque faltara casi todo. Selena creció viendo a su madre pelear cada mes, y esa pelea silenciosa fue la primera escuela de la niña que después sería Alex Russo en la televisión de medio mundo.

Años más tarde, Ricardo formó otra familia con Sara Gomez, y Mandy la suya con Brian Teefey. Cada uno rehízo su vida por separado. Pero la historia que empezó siendo señalada terminó convertida en la base de todo lo que Selena construyó después.

A los 16 la condenaron sin conocerla. El tiempo le dio la razón que nadie quiso darle entonces.

