Un compresor de aire acondicionado no debería decidir quién vive y quién muere.

Pero eso fue, según las primeras pericias, lo que ocurrió en el Instituto Pakistaní de Ciencias Médicas, en Islamabad. El aparato explotó dentro de la sala de recién nacidos y el fuego se propagó tan rápido que el personal solo alcanzó a rescatar a un niño. Los otros 14 bebés murieron con quemaduras tan graves que ahora se necesitan pruebas de ADN para identificarlos y devolverlos a sus familias.

Muneeba, una testigo que logró escapar con su sobrino y su cuñada, vio de cerca el caos de esos minutos. El primer ministro Shehbaz Sharif y el presidente Asif Ali Zardari enviaron condolencias y ordenaron investigar; el gobierno ya destituyó al secretario federal de Salud, Aslam Ghauri. Un comité con policía, bomberos y autoridades técnicas ahora intenta responder algo que debió resolverse antes: por qué un hospital público no tenía las condiciones para proteger a los pacientes más vulnerables de todos.
