Traicionaron a sus mejores amigos: En la II Guerra Mundial enviaron perros equipados con bombas hasta los tanques enemigos para hacerlos explotar. El karma les llegaría antes de lo esperado

Por Krishna Medina
12 September, 2026

Un perro aprende rápido cuando hay comida de por medio. A comienzos de la década de 1930, el Ejército Rojo comenzó a experimentar con una idea que llevaría ese principio hasta uno de sus extremos más crueles. Les enseñaban a los perros a buscar comida debajo de vehículos militares, pero había un detalle: los perros llevaban puesto un chaleco con bombas. La intención era usarlos en la Segunda Guerra Mundial para hacer explotar a los enemigos… pero para eso el pero debía morir.

El entrenamiento era aparentemente sencillo. Los animales eran mantenidos con hambre y acostumbrados a encontrar alimento bajo tanques. Primero practicaban con vehículos detenidos y posteriormente se intentó acostumbrarlos al ruido, el movimiento y las explosiones que encontrarían en un campo de batalla. La intención era conseguir que, incluso rodeados de disparos y motores, corrieran instintivamente hacia la parte inferior de un blindado y así hacerlos explotar.

Cuando Alemania invadió la Unión Soviética en junio de 1941, aquel extraño experimento dejó de ser solamente entrenamiento. El Ejército Rojo estaba sufriendo pérdidas enormes y necesitaba cualquier recurso disponible para detener el avance de los Panzer alemanes.

Fue entonces cuando algunos de aquellos perros fueron enviados al frente cargando explosivos.

El sistema consistía en colocar sobre el animal un arnés con una carga explosiva y un mecanismo que sobresalía de su espalda. Cuando el perro conseguía introducirse debajo del tanque, el contacto con la parte inferior del vehículo debía accionar el detonador. La explosión ocurría en una de las zonas más vulnerables del blindado.

El problema fue que esos perros habían memorizado el sonido y el olor de los tanques soviéticos, no de los alemanes. En pleno combate, muchos terminaron corriendo hacia las líneas propias, convirtiendo el arma en una amenaza para quienes la habían diseñado. Los historiadores calculan que apenas unos 300 vehículos quedaron inutilizados con este método, muy lejos de las cifras que difundió la propaganda soviética.

Muchos ven lo que ocurrió después como una especie de karma.

Y no solo eso, muchos soldados rusos se sentían mal al utilizar a aquellos pequeños e inocentes animales para una acción tan cruel, por lo que algunos incluso desactivaban sus chalecos en secreto para evitar enviar a sus perros a perder la vida en vano.

Sin embargo, los tiempos han cambiado. En la actualidad, los perros siguen desempeñando un papel crucial en ejércitos y cuerpos de seguridad de todo el mundo, pero sus vidas ya no son utilizadas como simples peones. Hoy son héroes que trabajan codo a codo con sus compañeros humanos, ayudándolos en misiones en las que su olfato, inteligencia y valentía pueden marcar la diferencia.

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