En medio de uno de los barrios más transitados de Tokio, hay dos empleadas que no usan traje ni tarjeta de acceso.

Se llaman Nagi-kun, un macho de 1 año, y Pokke-chan, una hembra de 2. Desde el 9 de octubre trabajan en un terreno de la estación de Yotsuya, junto a la salida Akasaka, y su tarea es comerse la maleza que crece allí. Es una forma ecológica de limpiar el lugar. Técnicamente, JR East paga a los dueños de las cabras para alquilar sus servicios.

Según un miembro del personal, se quedarán hasta finales de año. En invierno la hierba crece despacio, así que se tomarán esos meses libres y podrían volver en primavera si JR las necesita. Mientras tanto, la empresa pide algo muy simple: que las traten bien y que no les den snacks.
