En el Territorio del Norte de Australia, tres especies de aves rapaces —la cometa negra, el milano silbador y el halcón marrón— hacen algo que ningún otro animal salvaje conocido hace: recogen ramas encendidas con sus garras o su pico y las dejan caer en zonas sin quemar.

El objetivo es preciso. Al propagar el fuego, obligan a insectos, ranas y pequeños vertebrados a abandonar sus escondites, exponiéndolos como presa fácil. El ornitólogo Bob Gosford, coautor del estudio publicado en el Journal of Ethnobiology en 2018, describió que estas aves entran en un verdadero frenesí cuando llegan a los incendios activos. El exbombero Dick Eussen relató haber presenciado el momento exacto: un milano silbador soltando una rama ardiente que encendió la hierba cerca de Kakadu.

Lo más notable es que este conocimiento no es nuevo para todos. Los pueblos aborígenes australianos ya hablaban de este comportamiento en testimonios como el de Waipuldanya, recogido en 1963. La ciencia apenas alcanzó lo que la observación indígena documentó generaciones antes.

