Christa Pike no murió la noche en que debía morir.
Tenía 50 años y llevaba casi tres décadas en el corredor de la muerte de Tennessee por el asesinato de Colleen Slemmer, ocurrido en 1995. El 30 de septiembre recibió dos dosis de pentobarbital durante más de una hora y seguía con vida.

Sus abogados aseguran que el equipo usó numerosas agujas para encontrar una vena, que el fármaco nunca llegó al torrente sanguíneo y que sus brazos llegaron al hospital hinchados y con ampollas. Hoy está en condición crítica.

Un día después, Donald Trump habló en Texas. Dijo que era una situación “interesante”, que la medicación “no funcionó exactamente” y que una ejecución “no debería ser tan difícil”. Aclaró que decidir qué hacer ahora le corresponde al estado.

El gobernador Bill Lee ya suspendió las ejecuciones que quedaban en 2026 y ordenó una revisión independiente. Christa habría sido la primera mujer ejecutada en Tennessee en más de 200 años.
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