Michael Clarke Duncan medía casi dos metros y ganaba la vida cuidando la espalda de estrellas como Will Smith y Jamie Foxx.

Entre trabajo y trabajo, buscaba algún papel pequeño, alguna oportunidad de actuar. En 1998 esa oportunidad llegó disfrazada de casualidad, un rodaje de Armagedón donde conoció a Bruce Willis. La amistad fue inmediata. Tan fuerte que cuando Willis leyó el guion de Milagros Inesperados, no dudó ni un segundo, ese papel le pertenecía a Michael.

Se lo dijo a la cara: “Leí este guion y tú ERES este tipo. Lo sé”. Después tomó el teléfono y llamó al director Frank Darabont: “Acabo de encontrar a tu John Coffey”. Darabont reconoció después que la prueba de pantalla ya era asombrosa, pero fue la entrega diaria de Michael en el set la que terminó de convencer a todos. Esa fe ciega de un amigo le dio a un guardaespaldas una nominación al Óscar y un lugar que el cine nunca olvidó. 🎬✨

