Lorena solo necesitaba llegar del aeropuerto de Madurai a su hotel.

Subió al taxi de Rabeek sin saber que ese viaje de tres horas por la India le cambiaría la vida entera. Hablaron todo el camino. Se hicieron amigos, después viajaron juntos, y en algún punto del trayecto se dieron cuenta de que ya no querían separarse. Ella era católica, él musulmán, y sus familias no lo aprobaban. Ninguno de los dos dejó que eso decidiera por ellos: se casaron bajo la Ley de Matrimonio Especial de la India, la que existe justamente para uniones como la suya.

Cuando nació su hija Maryam, Rabeek no pudo estar ahí. Los trámites de visa lo dejaron fuera del parto y de las primeras semanas de vida de su hija. Recién casi dos meses después la tuvo en brazos por primera vez. Hoy la familia sigue dividida entre Australia e India, contando los días para que un papel les permita, por fin, vivir bajo el mismo techo.
