

Hubo un accidente, 35 huesos rotos y una lección que nadie quiere aprender dos veces: caminar de nuevo desde cero.
Después de la recuperación, al hombre le quedó un rostro reconstruido con injertos de piel, y justo donde estaba el ojo, un lienzo en blanco. Ahí entró la artista Alla Romazanova, tatuadora que trabaja con piel trasplantada, con una aguja fina y una paciencia enorme para dibujar un ojo nuevo sobre ese injerto. Ella misma lo resumió con pocas palabras: tatuaje del ojo en un injerto de piel trasplantada.
La piel injertada no reacciona como la piel normal: tiene otra textura y absorbe la tinta de forma distinta, así que cada trazo exige precisión de cirujano. Y claro, internet no tardó en soltar el chiste: ahora este hombre “dormirá con un ojo abierto”. ¿Tú te habrías atrevido? 👁️
