Tuvo un hijo con ella mientras estaba infiltrado por la Policía… y 24 años después descubrió quién era realmente

Por Pablo Román
9 September, 2026

En 1984, Jacqui tenía 22 años cuando conoció a un hombre llamado Bob Robinson en el ambiente de los activistas por los derechos de los animales en Londres.

Se enamoró de él, pero había algo que no sabía: Robinson no era quien decía ser. En realidad se llamaba Robert “Bob” Lambert y era un agente encubierto de la Policía Metropolitana que había sido enviado a infiltrarse en grupos ambientalistas y de derechos de los animales.

Su misión duraría cinco años. Lambert debía ganarse la confianza de los activistas y penetrar especialmente el entorno del Animal Liberation Front (ALF), un movimiento que en aquella época estaba involucrado en acciones clandestinas contra empresas relacionadas con la experimentación animal, la industria de la carne y las pieles. La información que obtenía era entregada a sus superiores.

Incluso su identidad falsa había sido construida utilizando los datos de un niño que había muerto, una práctica utilizada por la entonces secreta Special Demonstration Squad (SDS).

Pero Lambert llevó su personaje mucho más lejos de lo que Jacqui podía imaginar.

Durante su misión mantuvo relaciones con al menos cuatro mujeres sin revelar que era policía ni que estaba casado. Entre ellas estuvieron Charlotte, a quien conoció en 1983 durante una manifestación por los derechos de los animales; Jacqui, con quien tuvo un hijo; Belinda Harvey, con quien mantuvo una relación de 18 meses; y otra mujer identificada públicamente solo como CTS.

Con Jacqui, la relación llegó todavía más lejos. En 1985 nació el hijo de ambos y Lambert estuvo junto a ella durante 14 horas de parto. Durante los primeros años se comportó como un padre involucrado y vivió parte de la vida de su hijo.

Pero en 1988 desapareció.

Le dijo a Jacqui que tenía que huir al extranjero porque la Policía lo buscaba por sus actividades políticas. Era una historia falsa. En realidad, había terminado su misión encubierta y regresó a Scotland Yard, donde continuó su carrera policial.

Jacqui pasó más de dos décadas sin conocer la verdad.

En 2012 reconoció por casualidad su fotografía en un periódico y descubrió que el hombre con quien había tenido un hijo había sido un agente infiltrado. Para entonces, también se había revelado que Lambert había mantenido relaciones íntimas con otras mujeres durante su despliegue.

Y su misión había sido considerada un éxito dentro de la propia unidad. Lambert consiguió ganarse la confianza de los activistas y proporcionó información que ayudó a la Policía a identificar a personas involucradas en acciones criminales.

Después de regresar a la Policía, llegó a ocupar un puesto de liderazgo dentro de la misma unidad y terminó dirigiendo operaciones encubiertas en los años 90. Más tarde recibió un MBE y trabajó como académico.

Pero todavía quedaba una consecuencia que afectaría directamente al hijo de Jacqui.

Ella descubrió que dos hijos de Lambert habían muerto por una enfermedad cardíaca genética, por lo que surgió el temor de que su propio hijo pudiera haber heredado la misma condición. Finalmente fue sometido a pruebas y se determinó que no había heredado el gen fatal.

La Policía Metropolitana terminó pagando a Jacqui £425.000 (unos US$576.000) en compensación y le ofreció una disculpa. Posteriormente, su hijo también recibió una indemnización y una disculpa formal.

Durante décadas, Jacqui creyó que el padre de su hijo simplemente había abandonado a su familia para escapar de la Policía.

La realidad era mucho más difícil de imaginar:

el hombre que entró en su vida, tuvo un hijo con ella y desapareció… había sido enviado por la Policía para infiltrarse en el mismo mundo del que ella formaba parte.

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