João Stanganelli tiene 64 años y manchas blancas en la piel desde los 38.

Vive en Bragança Paulista, Brasil, y durante años esas manchas fueron solo suyas, hasta que su nieta nació con el mismo vitiligo. Fue por ella que aprendió a tejer junto a su esposa Marilena, y tardó cinco días en terminar una muñeca con manchas iguales a las de ambos: la llamó Vitilinda.

Lo que empezó como un regalo familiar se volvió un proyecto que hoy sostiene su vida. João ya tejió a Vitilindo y muñecas con psoriasis, alopecia, ceguera, discapacidad motriz y sobrepeso, para que ningún niño se sienta solo frente al espejo. Él lo resume así: “Las manchas que tengo son hermosas, lo que más duele, en realidad, son las manchas en el carácter de las personas”.
