Tiene 99 años y se puso de pie en plena ceremonia.
Mientras todos miraban a la novia caminar hacia el altar, él sacó su propia cámara de video, esa que probablemente guarda hace décadas, y no la bajó en ningún momento. No usó el celular como el resto de los invitados. Buscó el aparato que conoce, el que seguramente usó para grabar otros momentos importantes de la familia a lo largo de su vida.


En el video se le ve enfocando el altar con pulso firme, ajustando el ángulo, sin perderse ni un segundo de la boda de su nieta. A los 99 años, ese fue su regalo: quedarse parado el tiempo que hiciera falta para que ese día nunca se olvide.
