Enrique no solo está rompiendo estereotipos con lo que hace, también encontró la manera de usar su talento para ayudar a otros.
Enrique Aquino tenía apenas 13 años cuando comenzó a llamar la atención por su habilidad para aplicar pestañas, un oficio que todavía suele asociarse principalmente con mujeres. Sin preocuparse por esos prejuicios, siguió perfeccionando su técnica hasta convertirla en su propio emprendimiento.
Pero decidió darle un giro especial a su trabajo. Durante una campaña, en lugar de cobrar dinero por sus servicios, comenzó a aceptar útiles escolares: sus clientas podían llevar cuadernos, lápices y otros materiales a cambio de una aplicación de pestañas.
La idea tenía un propósito detrás. Los útiles reunidos serían destinados a estudiantes que los necesitaban, convirtiendo cada servicio en una pequeña forma de ayudar a alguien más.
Así, con apenas 13 años, Enrique consiguió hacer dos cosas al mismo tiempo: demostrar que ningún oficio tiene género y aprovechar aquello que sabe hacer para tenderle una mano a otros.
