Tenía 81 años y había cruzado el Atlántico para estar ahí. No para ver cualquier partido, sino para el partido inaugural del Mundial 2026, en el Estadio Azteca de Ciudad de México.

El 11 de junio, mientras miles de hinchas avanzaban por los accesos del estadio, el aficionado alemán sufrió un infarto en la Rampa 2, cerca de la Puerta 1, a metros de entrar. El personal médico aplicó maniobras de reanimación en el lugar antes de trasladarlo al Instituto Nacional de Cardiología. Las primeras horas llegaron con un reporte de condición estable, pero horas después la Sala de Crisis de la Ciudad de México confirmó oficialmente su muerte. Las autoridades descartaron cualquier acto de violencia y coordinaron los trámites con el consulado alemán. Su identidad no fue revelada.

Mientras él no alcanzaba a cruzar el torniquete, México ganaba 2-0 ante Sudáfrica en el Grupo A, con un gol histórico de Julián Quiñones. La fiesta siguió. Pero en la Rampa 2 quedó la otra historia: la del hombre que lo apostó todo a un sueño y se quedó a un paso.

