Un agricultor camboyano no tenía ni 7 dólares para comprarle una mochila nueva a su hijo. Así que hizo lo único que sabía hacer bien: tejer.
Ny Keng, de 5 años, había perdido la suya durante un viaje escolar en Tailandia. Su papá tomó rafia, se sentó una noche entera y armó, hilo por hilo, una mochila azul con tirantes negros para que su hijo no faltara a clases en la Escuela Primaria Lumpath.


Sophous Suon, la maestra del niño, vio la mochila y no pudo quedarse callada: subió las fotos a Facebook.

Miles de personas se conmovieron con el gesto y varias hasta le ofrecieron ayuda para que convirtiera ese amor de padre en un pequeño negocio de mochilas tejidas.
A veces la falta de dinero no frena el cariño, solo lo obliga a inventar otra forma de mostrarse.
