El kākāpō casi desaparece del mundo hace un siglo. Cazado por depredadores que ni siquiera eran de su tierra —gatos y armiños llegados con los colonos—, este loro neozelandés llegó a tener apenas 51 ejemplares vivos en 1995, cuando comenzó el programa que intentaría salvarlo.

Este año pasó algo que nadie esperaba: el rimu, un árbol nativo de Fiordland, tuvo una fructificación masiva que llenó de alimento las islas donde cría la especie. El resultado fue una temporada histórica: 90 polluelos nacieron y sobrevivieron, elevando la población total de 235 a 325 aves. Es la primera vez en 75 años que el kākāpō supera los 300 ejemplares.
Es el único loro nocturno y no volador del mundo, el más pesado que existe, y puede vivir hasta 90 años. Lo que antes tomaba 16 años de trabajo, esta vez lo logró en una sola temporada, gracias a la naturaleza y a un equipo que nunca dejó de cuidarlo.


