Camina por cualquier ciudad y mira hacia arriba. Los edificios de antes tenían molduras, tallas, relieves — cada fachada era una pequeña obra de arte. Los de ahora son cajas de líneas rectas. Ese cambio no fue casualidad, tiene nombre y fecha.

A comienzos del siglo XX, el arquitecto Adolf Loos publicó ideas que atacaban directamente la ornamentación, y poco después la Bauhaus popularizó una frase que lo resumía todo: la forma debe seguir a la función. De ahí en adelante, lo bello importó menos que lo rápido y barato de fabricar.

Hoy sigues viviendo dentro de esa decisión que tomaron hace más de cien años. Tus muebles, tu oficina, hasta la calle donde vives llevan esa herencia invisible. ¿Tú qué crees, ganamos en practicidad o perdimos algo que no vamos a recuperar?
