Victor Valentine se hacía llamar incel y misógino sin ningún pudor.

Durante años merodeó cerca de baños y vestuarios públicos en Cheltenham, Inglaterra, y protagonizó episodios de violencia injustificada contra mujeres en plena calle. No era un caso aislado: pertenecía a un grupo incel en línea, de esos foros donde el odio hacia las mujeres se organiza y se alimenta entre desconocidos que se dan ánimo para actuar.
Ahora, a sus 29 años, un tribunal le impuso una orden de restricción por daños sexuales que le corta el paso por todos los frentes. No puede usar ningún dispositivo con acceso a internet sin antes informar a la policía. Tiene prohibido entrar o rondar baños y vestuarios de mujeres. Y no puede registrarse, ni con su nombre ni con alias, en ningún sitio, foro o app que promueva la ideología incel.
La pregunta que queda flotando es simple: ¿cuántas mujeres tuvieron que cruzarse con él antes de que alguien decidiera frenarlo?
