Jason Horne, bombero y paramédico de 50 años, paseaba en su bote por el lago Alvarado Park, en Texas, junto a su hija Emilie, de 12, cuando el 4 de julio escuchó gritos desesperados. Una embarcación con nueve personas a bordo acababa de volcar, y tres niños quedaron atrapados bajo el casco.

No esperó a los equipos de emergencia. Se lanzó al agua una y otra vez. Sacó primero a un niño que aún respiraba, luego a una niña inconsciente a la que reanimó con RCP sobre el casco del bote volcado. El tercero, enredado en una cuerda de ancla, salió sin pulso — y Horne se lo devolvió con sus propias manos.

Mientras tanto, Emilie llamaba al 911 sin apartar la vista de su padre. Los tres niños llegaron con vida al hospital. La policía de Alvarado calificó lo ocurrido como un acto de heroísmo que nadie olvidará en esa comunidad.

