Daniel Griffiths, de 32 años, apartó la vista solo unos segundos.

Sus hijos jugaban en el living de la casa familiar en Walsall, cerca de Birmingham, con helicópteros de juguete. Blizzard, el bull terrier de la familia, vio los juguetes cruzar el aire y algo en su instinto se activó. En un instante, mordió al pequeño Romy en la cara. El niño perdió dientes, se fracturó la mandíbula y quedó sin parte de la nariz.

Jodie Griffiths, la madre, estaba en el trabajo cuando recibió la llamada. Los padres insisten en algo que parece contradictorio: Blizzard era el mejor amigo de Romy, nunca antes había mostrado un gesto agresivo. Por eso decidieron publicar las fotos del rostro herido de su hijo, no para culpar al perro, sino para advertir a otros padres que incluso el animal más confiable puede reaccionar en una fracción de segundo ante un estímulo inesperado.

