
Alexander Alekhine no jugaba solo. Cada partida importante del campeón mundial de ajedrez tenía un tercer participante: su gato siamés Chess, que caminaba sobre el tablero antes de cada movimiento como si aprobara la estrategia.
Durante el Campeonato Mundial de 1935 contra el holandés Max Euwe, Alekhine llevaba a Chess en el regazo mientras jugaba. Euwe, que se rumoreaba alérgico a los gatos, nunca protestó. Muchos historiadores creen que no fue casualidad: para ellos, era una táctica de guerra psicológica del propio Alekhine.
Su devoción llegó tan lejos que, en un cruce fronterizo sin el felino a mano, respondió a las autoridades: “Soy Alexander Alekhine, campeón mundial de ajedrez. Este es mi gato Chess. No necesito ningún pasaporte”. Terminó arrestado. Chess no era el único: junto a su esposa Grace Wishaar, viajaban también con otros dos siameses, Shamat y Lobeidah.




