
Jass Pangkor Buskers tocaba la guitarra y nadie lo miraba.
El músico callejero cantaba en una calle de Malasia mientras la gente pasaba de largo, entre puestos de comida y luces de mercado, sin detenerse ni un segundo. Era una de esas noches en las que parece que todo el ruido del mundo le gana a una canción. Hasta que cuatro gatitos aparecieron caminando y se acomodaron frente a él.
Los cuatro se quedaron cerca del músico, mirando y escuchando a su manera, como si la guitarra hubiera despertado su curiosidad. No sabemos qué tanto entendían de música, pero al menos parecían bastante cómodos con el espectáculo. Y, por un rato, Jass tuvo un pequeño público de cuatro patas.
La escena se hizo viral porque contrasta con lo que solemos ver: personas que van y vienen por la calle, concentradas en sus propios asuntos, y cuatro pequeños que simplemente decidieron quedarse un rato. A veces el apoyo llega de donde menos lo esperas, y te recuerda que ser escuchado de verdad a veces vale más que una multitud distraída.
